Perdió todo por las drogas, ahora tiene otra oportunidad

0

Vivió en la opulencia; lo tuvo todo. Pero un día todo se oscureció y la calle fue su hogar. Pensó que todo lo material lo había perdido, aún le faltaba perder lo más valioso, su dignidad, el respeto a sí mismo y las ganas de existir.
En una ciudad que no es la suya, sin familia, en completa oscuridad, así tuvo que enfrentar Genaro Kimbal Olguín, de 56 años, las consecuencias de sus propias decisiones. “Dios no castiga, uno construye su prisión y uno mismo es su Juez que aplica la sentencia”, dice.
Su divorcio lo llevó a refugiarse en el consumo excesivo de alcohol, casi industrial e inhalación de thiner, y todo tipo de drogas, sus fieles compañeros por años. Pero el costo tendría que asumirlo tarde o temprano al sufrir una Neuritis Ocular Tóxica por tanto químico en su cuerpo. Los nervios oculares se le secaron y el cerebro se resignó a ver la luz de día, pero agudizó sus demás sentidos.
La vida la toma con optimismo para ser una persona que de tenerlo todo y llevar una vida de placeres, pasó a pedir limosna en la calle, atrás de Soriana centro, donde tiene “su oficina”, dice sonriendo.
El originario del Distrito Federal se graduó hace años de la Escuela Internacional de Turismo con especialidad en alimentos y bebidas; su conocimiento lo llevó a ser administrador de hoteles en Huatulco, Acapulco y el mismo Distrito Federal, pero el medio estuvo plagado de tentaciones, entre ellas drogas y alcohol, a las que se entregó con facilidad.
Además, su familia de rancio abolengo y parientes con experiencia en el ramo de las antigüedades, le dieron vasto conocimiento para vivir desahogadamente él, su esposa y una hija que ahora reside en Tlaxcala, pero la naturaleza humana y el destino le tendrían preparada una encrucijada en la que apostó todo y lo perdió.
Viajó por el país y sin fortuna y sin nada, dice la canción, desafió al destino de frente y llegó a Durango para hundirse más en la miseria, el alcohol y las drogas.
Sucio, maloliente, fuera de la realidad, despreciado y humillado, aún no tocaba fondo y decidió poner fin a su existencia e intentó “ponerse la corbata”, ahorcarse, dice sonriendo, pero en la casa habitaban, sus tres pequeños perritos, con quien hacía vida y gozaba de su compañía le ladraban lastimeramente, presintiendo su destino fatal. Decidió encargarlos con un vecino y lo vio angustiado. A pesar de las excusas de salir de viaje y encargar a sus animalitos, el vecino descubrió que trataría de suicidarse y fue la presencia de Dios quien lo puso en su camino, para surgir del fondo del abismo y dejar las tinieblas.
“Profesar la fe del cristiano metodista me ayudó a conocer a Dios de otra manera. Fui un miserable y ahora, he vuelto salir a la luz y ver la verdad. La oscuridad no está en los ojos, sino en el alma”, dice.
Ahora da testimonio de su vida en anexos y centros de ayuda para adictos y alcohólicos, principalmente jóvenes, por quienes muestra especial preocupación. Dice que ellos en especial, están rodeados de tentaciones y quiere orientarlos para evitar sigan su suerte.
También acude al Cereso No. 1 cada semana al templo en el interior para platicar con cristianos metodistas o quien quiera escucharle.
Hace pocos años, Genaro conoció a su actual compañera, una dama pensionada que lo amó desde que lo vio y ahora están juntos a pesar de sus limitaciones y acuden a donde los solicitan para dar testimonio de vida, pero nadie aprende en cabeza ajena, cada quien debe vivir su experiencia confiando que sólo no puede y debe tener a Dios como aliado y jamás perder la fe, aunque todo esté rodeado de oscuridad e incertidumbre.

Leave A Reply